Mujer que camina

"…¡pero eso sí! -y en esto soy irreductible… Si no saben volar ¡pierden el tiempo conmigo!"O. Girondo.

La vida después de un ladrido

Filed under: Sin categoría — Raquel León at 10:05 am on viernes, mayo 8, 2015

Raquel León Rodríguez

Documentales, historietas y libros hablan de la convivencia entre seres humanos y animales. Por ejemplo, John Grogan escribió una autobiografía sobre su experiencia de vida y su perro: Marley & Me. Historia que posteriormente fue llevada al cine; un labrador haciendo encantadores destrozos. ¡Pues sí! Hasta ese momento no había visto más que una escena enternecedora de un animal que le cambió la vida a sus dueños. Pasé la niñez y la adolescencia sin una mascota, pero los 25 años escuché el ¡guao!.

El 19 de diciembre del 2014 empezó mi bitácora. Una golden retriever con cara de asustada, ojos oscuros y su lengua enorme estaba perdida. No pude dejarla sola en ese cruce plagado de vehículos, por eso decidí llevarla a mi casa mientras buscaba a su dueña.
Redes sociales, avisos y llamadas. Me encariñaba con la perrita de año y medio, pero por su collar sabía que era de alguien más. Un día de tantos, como en esos pasajes de los cuentos, encontré a una señora mayor que había perdido a su mascota. No recuerdo su nombre, pero si las palabras que me dijo: “estoy enferma, no puedo seguir cuidando a la perrita ¿se la quiere dejar?

¡Bienvenida Frida! Mi milagro “perruno”. Quienes viven con uno de estos seres deben de tener la misma cara que pongo yo mientras hablo de ella. Un sillón lleno de pelos, zapatos mordidos y una dosis diaria de felicidad es el resultado de una de las experiencias más divertidas de mi vida.
Curiosamente no soy la única a la que le ha puesto todo de cabeza. Mi papá hace ejercicios con Frida en las mañanas, mis hermanos juegan con ella y mi mamá le da comida. Antes éramos una familia de cinco, ahora somos seis.

Admiro su mirada agradecida cuando regreso del trabajo, su cola moviéndose cuando quiere algo, pero más que eso, admiro su capacidad de quererme aunque haya tenido un mal día. Frida no tiene alas, sino cuatro patas. Frida no habla, pero me escucha. Frida come hielo porque le encanta, pero me calienta el corazón cuando me abraza. Esta perrita es otra lección de vida, un preámbulo de buenos augurios, sin mucho adorno es mi “serendipia”.
Frida



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